Elegir destino en la provincia de Alicante puede parecer sencillo hasta que aparecen playas, calas, pueblos históricos, montañas y ciudades con una personalidad muy distinta. La Costa Blanca ofrece mucho más que sol y arena, y en esta guía reúno los lugares que realmente merecen una visita, cómo repartirlos en una ruta y qué tener en cuenta para disfrutar del viaje sin improvisar demasiado.
Una tierra mediterránea con muchos viajes posibles
- Más de 170 playas y calas repartidas por unos 250 kilómetros de litoral.
- 141 municipios con propuestas muy diferentes, desde la costa hasta las sierras del interior.
- Alicante, Benidorm, Altea, Dénia y Elche concentran algunos de los destinos más completos.
- La primavera y el otoño suelen ofrecer el mejor equilibrio entre clima, precios y tranquilidad.
- Un coche ayuda mucho para combinar calas, pueblos de montaña, bodegas y espacios naturales.
Qué es y cómo entender este territorio
Alicante pertenece a la Comunitat Valenciana y ocupa una franja del sureste peninsular donde el Mediterráneo convive con sierras, valles agrícolas y ciudades turísticas. La capital funciona como una buena puerta de entrada, pero quedarse solo en ella significa perder una parte importante del carácter alicantino.
La costa suele asociarse con la marca Costa Blanca, aunque el paisaje cambia mucho de norte a sur. Hay largas playas urbanas, acantilados, pequeñas calas rocosas, humedales y zonas de dunas. En el interior aparecen pueblos de piedra, castillos, viñedos y montañas que superan los 1.000 metros.
Yo recomiendo pensar el viaje por zonas y no intentar cubrirlo todo. Las distancias no siempre parecen grandes sobre el mapa, pero las carreteras costeras, el tráfico de verano y el tiempo necesario para aparcar pueden convertir un trayecto corto en una excursión lenta.
La costa que merece una ruta propia

Alicante y Tabarca
La capital es una base cómoda para una escapada de dos o tres días. El castillo de Santa Bárbara ofrece la mejor perspectiva de la bahía, mientras que la Explanada, el barrio de Santa Cruz, el Mercado Central y la playa del Postiguet permiten combinar paseo, cultura y gastronomía sin grandes desplazamientos.
Desde Santa Pola se puede llegar en barco a la isla de Tabarca, una excursión especialmente atractiva para quienes buscan aguas transparentes y un paisaje marítimo diferente. Conviene revisar los horarios de ida y vuelta con antelación, porque la frecuencia cambia según la temporada y el viento puede alterar el servicio.
La Marina Baixa y el entorno de Benidorm
Benidorm es una opción práctica para familias, viajeros que buscan muchos servicios y quienes prefieren tener restaurantes, playas y actividades a poca distancia. Sus rascacielos no gustan a todo el mundo, pero ofrecen algo difícil de igualar en la zona: una enorme capacidad hotelera y una agenda activa durante casi todo el año.
Muy cerca, Altea aporta un ritmo más pausado con su casco antiguo blanco y su cúpula azul. También merece la pena acercarse a Villajoyosa por sus casas de colores y su tradición chocolatera. Para caminar junto al mar, el Faro de l’Albir ofrece un recorrido sencillo de unos 5 kilómetros entre ida y vuelta, con vistas abiertas sobre la Serra Gelada.
La Marina Alta y las calas del norte
Dénia, Xàbia, Moraira, Calp y Benissa forman una de las áreas más variadas del litoral. Dénia combina puerto, gastronomía y el paisaje del Montgó; Xàbia destaca por sus calas y miradores; y Calp tiene en el Peñón de Ifach su imagen más reconocible.
En esta zona no intentaría visitar muchas calas en un solo día. Es mejor elegir una o dos, reservar tiempo para bañarse y caminar, y comprobar antes las condiciones de acceso. En julio y agosto, algunas áreas tienen aparcamiento limitado o regulación de entrada, por lo que madrugar marca una diferencia real.
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El sur y los paisajes de agua
Santa Pola, Guardamar del Segura, Torrevieja y Orihuela Costa ofrecen playas extensas, dunas y espacios naturales. Las Lagunas de La Mata y Torrevieja son interesantes para observar aves y entender que el litoral alicantino también tiene un importante valor ambiental.
El sur resulta especialmente cómodo para viajes familiares y estancias largas. A cambio, algunas zonas están muy urbanizadas y pierden parte del encanto fuera de los espacios protegidos. Mi consejo es alternar una playa concurrida con una visita a un humedal, un paseo entre dunas o un pueblo del interior.
El interior cambia por completo la imagen de Alicante
A pocos kilómetros del mar aparece una provincia mucho más montañosa y tranquila. Alcoy, Cocentaina, Biar, Villena, Novelda y Guadalest permiten descubrir castillos, arquitectura histórica, fiestas tradicionales y paisajes que contradicen la idea de que Alicante es únicamente un destino de playa.
Elche merece una mención aparte por su Palmeral, declarado Patrimonio de la Humanidad, y por su legado agrícola. La visita gana interés si se combina con el centro histórico y con alguna propuesta gastronómica basada en arroces, dátiles, granadas y productos de la huerta.
Para naturaleza, la Font Roja y la Serra de Mariola ofrecen senderos entre bosques y montañas. Guadalest, por su parte, es uno de los pueblos más visitados del interior. Su ubicación espectacular justifica la fama, aunque recomiendo llegar temprano o fuera de las horas centrales para disfrutarlo con menos visitantes.
El vino también ayuda a leer este territorio. La denominación de origen Alicante incluye zonas de producción interior donde se pueden visitar bodegas y probar variedades locales como la monastrell y la moscatel. No es una actividad para rellenar una tarde, sino una buena forma de entender la relación entre paisaje, agricultura y cocina.
Qué destino elegir según el tipo de viaje
| Si buscas | Zona recomendada | Por qué encaja |
|---|---|---|
| Una escapada urbana | Alicante capital | Castillo, museos, playa, gastronomía y buenas conexiones. |
| Vacaciones familiares | Benidorm y Santa Pola | Servicios, playas accesibles y actividades variadas. |
| Calas y paisaje mediterráneo | Xàbia, Moraira y Benissa | Litoral rocoso, miradores y pueblos costeros. |
| Cultura y patrimonio | Elche, Villena, Alcoy y Novelda | Palmeral, castillos, modernismo y tradiciones locales. |
| Naturaleza y senderismo | Serra Gelada, Font Roja y Serra de Mariola | Rutas de distinta dificultad y paisajes muy contrastados. |
Para un primer viaje de cuatro días, escogería una sola base costera y añadiría dos excursiones. Con una semana ya tiene sentido combinar la capital, la Marina Alta y algún destino del interior. Intentar dormir cada noche en un municipio distinto suele restar tiempo y convertir las vacaciones en una sucesión de desplazamientos.
Cómo organizar la visita sin perder tiempo
Los meses de abril a junio y de septiembre a octubre suelen ser los más equilibrados. El mar todavía puede estar fresco en primavera, pero las temperaturas permiten caminar y visitar pueblos con mucha más comodidad que en pleno verano. Julio y agosto son ideales para quien prioriza la playa, aunque implican más tráfico, reservas anticipadas y precios elevados.
El aeropuerto Alicante-Elche facilita la llegada desde numerosas ciudades españolas y europeas. Para moverse entre Alicante, Benidorm y otros puntos de la costa hay transporte público, pero un coche resulta muy útil si el plan incluye Guadalest, bodegas, sierras o calas apartadas.
También conviene reservar margen para el clima. En verano, el calor puede limitar las rutas de montaña y algunos espacios naturales pueden cerrar temporalmente por riesgo de incendio. Yo concentraría las caminatas antes de las 11 de la mañana, llevaría agua suficiente y comprobaría las condiciones de acceso el mismo día.
La gastronomía merece planificación propia. El arroz a banda, el arroz al horno, los salazones, la gamba roja de Dénia, el turrón de Jijona y los vinos locales son parte del viaje, no simples acompañamientos. En restaurantes populares, especialmente en la costa, reservar con antelación suele ser más importante que buscar el establecimiento más famoso.
La mejor forma de recordar este territorio
La gran ventaja de Alicante es que permite cambiar de paisaje sin hacer grandes desplazamientos. Una mañana puede empezar junto al Mediterráneo y terminar entre montañas, viñedos o calles medievales.
Si tuviera que resumir mi recomendación en una sola idea, sería esta: dedica tiempo a una zona costera, reserva al menos una jornada para el interior y deja espacio para comer sin prisas. Ahí aparece la versión más completa de esta tierra, mucho más rica que la imagen de sol y playa con la que suele presentarse.
